domingo, 10 de julio de 2011

Las despiedidas (y no las de soltera)



(Lo siento por la calidad del vídeo, los próximos serán mejores) Transcripción:
             Hoy, no tengo ganas de hablar. Odio las despedidas, las llevo fatal. Es algo que llevo afrontando toda mi vida y pensaba que con los años maduraría y las llevaría mejor, pero...es imposible. Siempre me hacen mucho daño. Así que hoy no es un buen día para hacer un monólogo. ¡Sorry!
                                                           
                                             *           *          *           *

Hoy me ha tocado despedirme de una de mis mejores amigas, Ainhoa, y como podéis ver, me ha sido muy duro. Sí es que ¡yo no estoy hecha para esto! He estado reflexionando sobre por qué me duele tanto decir adiós y, la verdad, la respuesta es bien sencilla.

Cuando una persona se marcha, con ella, se marcha un pedazo de ti, de manera que no sólo estamos diciendo adiós a dicha persona, sino que también despedimos a una parte de nosotros mismos.

Si os fijáis, siempre tendemos a unirnos bestialmente a personas y a objetos, y yo me pregunto ¿por qué? Únicamente lo hacemos para eternizar su existencia, porque no queremos dejar de poseer eso que, APARENTEMENTE, nos pertenece. Además, si encima eres una persona pasional no puedes evitar meter a Mr. Corazón por el medio de manera que irrevocablemente sellas un pacto con el dolor. Pero…inocentes cordericos, ¿Cuándo nos daremos cuenta de que nada nos pertenece?   

Solución: Convertir la destrucción en beneficio personal. Y es que no somos más que recuerdos y viviencias, pues ¡alé! Enriquezcámonos de ellos, saquémosles todo su jugo y ¡sigamos adelante!

Serotonina para todos.  



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